Todo parecía ser un día de rutina
para cuatro paramédicos en servicio en Arizona. — ¡Cinco Bravo
puente uno, adelante! — Cuando
interceptan una llamada de socorro procedente de México avisando de un herido
de bala. — Hay alguien herido en el puente 1, en la frontera. Miren esto. Está
justo ahí. — Su ética y entrenamiento
se pone a prueba cuando cruzan ilegalmente la frontera para ayudar. — Sólo es otro muerto en la frontera. Tenemos que hacer algo. Salvar una
vida, ¿cierto? — De
repente, quedan atrapados dentro de su propia ambulancia. — Patrón, se lo llevaron los pinchis gringos. Tráemelo pendejo. — Sin darse cuenta, cruzan
la línea que los llevará al mismísimo infierno. — Sólo un
favor, no lo dejen morir…Si él muere ustedes también. — Confrontándolos con sus
más terribles miedos.
